A pesar de los esfuerzos para avanzar hacia la transición energética, Cataluña sigue dependiendo de forma significativa de los combustibles fósiles. Esta dependencia se concentra especialmente en el transporte, con los productos petrolíferos, y en la demanda energética, con el gas natural como protagonista. En un contexto de inestabilidad geopolítica, esta conexión directa con mercados externos representa no solo un problema estratégico, sino también un freno a la competitividad.
Sin embargo, ya se observan pasos que indican un cambio de rumbo. La descarbonización de la demanda térmica, impulsada por la creciente popularidad de las bombas de calor, es un ejemplo claro de ello. Estas
tecnologías no solo contribuyen a reducir emisiones, sino que también actúan como medida de adaptación al cambio climático, especialmente ante el incremento de la demanda de climatización de frío.
En el sector de la edificación, las bombas de calor se implementan principalmente en edificios comerciales y terciarios como hoteles, hospitales, centros deportivos u oficinas, debido a sus altas demandas térmicas. Un
ejemplo destacado es el Bloc4BCN, un proyecto público-cooperativo situado en una antigua nave de Can Batlló, rehabilitada y cedida por el Ayuntamiento de Barcelona a la asociación Bloc4BCN, donde empresas, entidades y proyectos comparten recursos, conocimiento y valores. Más allá de la cooperación, el Bloc4BCN busca ser abanderado en la transición energética con la implantación de fotovoltaica y bombas de calor (aerotermia y geotermia), acompañadas de medidas de gestión y eficiencia energética, convirtiéndolo en un verdadero banco de ensayo.
Artículo completo en https://www.jornal.cat/opinio/39629/laboratori-eficiencia-energetica